Cartografías de la emancipación

[Mi ponencia al simposio de la UNAM en Mexico]

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Estamos aquí, segun la invitación que yo recebí hace unos meses, para explorar juntos los lazos entre la economía política marxista y las prácticas estéticas de emancipación. El planteamiento supone un análisis y una propuesta; o por lo menos, un cuadro de cuestionamiento y unos procesos experimentales para ir más allá. A un nivel básico, se podría decir que el planteamiento del simposio supone esfuerzos de percepción y de expresión. ¿Cual es la sociedad en la que vivimos? ¿Cómo verla, cómo sentirla, cómo hablar de ella al interior de ella misma? Y sobre todo, ¿Cómo salir de un contexto económico y político que condiciona lo que decimos y incluso, lo que sentimos?

Estas son exactamente las preguntas que yo me pongo, en el marco de un proyecto que se llama Deriva Continental. Pidiendo prestado a uno de los procedimientos característicos del arte de vanguardias, este proyecto personal y colectivo quiere extrañar la realidad cotidiana, diciendo que lo que parece más estable en la sociedad, o sea, el mismo suelo de la existencia colectiva, está huyendo por debajo de nuestros pies. Desde una década, con acciones políticas, investigaciones, colaboraciones artísticas y seminarios autónomos, voy tratando de acotar los rasgos y las consecuencias de un cambio de escala en la economía política, que me parece la experiencia la más compartida entre todas las personas que he podido encontrar durante este periodo. Hace poco, unas conclusiones del proyecto se han reunido en un libro de ensayos, disponible gratuitamente en mi página web. Lo que quiero hacer ahora es describir el proyecto, indicar sus cuadros de cuestionamiento, y mostrar algunos procesos experimentales de investigación y de emancipación. Hoy, voy a hablar a la primera persona. Quedará claro que este proyecto es muy parcial, a veces idiosincrático, que no pretende a ninguna autoridad y que además, viene del Norte de la planeta, una geografía que limita lo que puede alcanzar. Dicho esto, estoy muy contento de estar aquí en México, es el inicio de una nueva temporada en la que voy a pasar mucho más tiempo en América Latina; y lejos de ofrecerles un programa cerrado o un producto acabado, lo que quiero hacer con esta introducción a la Deriva Continental es invitarles a más conversaciones y tal vez, si hay ganas de eso, a unas colaboraciones en el futuro.

Puntos de partida

Voy a empezar con la prehistoria del proyecto. Hace un poco más de diez años, mi vida como la de mucha gente tomó una dirección nueva con una oleada masiva de contestación de las leyes y de las normas de la economía capitalista transnacional: el llamado movimiento altermundialista. Fue en la ciudad de Quebec en el año 2001, en medio de una cumbre donde tratábamos de poner un freno a la expropiación generalizada de las gentes, que yo entendí hablar por primera vez de integración continental. El concepto indica la extensión de la economía estadounidense más allá de sus fronteras, primero hacía el Canadá, con el TLC de 1989, después hacía México, con él de 94, y luego hacía todo Latino América, con el Área de Libre Comercio de las Américas, o ALCA, que se planificaba en Quebec. Afortunadamente el ALCA tropezó con mucha resistencia, nunca se realizó y parece ahora muerta, en apariencia si no en sustancia.

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Relato del Carneval contra el Capital (en inglés) aquí
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Entendida en medio del ruido y del humo de una gran protesta, la frase “integración continental” encendía una luz para mí, y me daba mucho que pensar. Desde una década yo vivía en Francia, que ya no era un Estado-nación tradicional, sino una parte subordinada de una federación, la Unión Europea, basada cuasi totalmente en una concepción neoliberal de la economía política. Bruscamente, la Unión Europea y la ALCA se asemejaban. ¿Existiría un mismo proceso, más o menos caotico y complejo, de conformación de un mercado de tamaño continental desarrollándose simultáneamente en dos regiones de la tierra, dando lugar a nuevas instituciones, pautas de circulación y formas de explotación y expropiación? ¿Existiría nuevas posibilidades de revuelta también, socavando o desbordando el marco de esta integración económica? Ya la posibilidad de una deriva continental se vislumbraba en el aire.

Un poco más tarde leí la crítica que el historiador Giovanni Arrighi hizo del libro Impero de Toni Negri y Michael Hardt. Arrighi decía que sí, era probable que veremos un día algo como un gobierno mundial, pero que el peldaño necesario en este sentido sería la escala continental, como la ciudad-estado de la Edad Media había sido el peldaño hacía el Estado-nación capitalista. Ahora bien, yo no sé nada de esta historia de peldaños, y no tengo ninguna concepción teleológica del progreso temporal. Sin embargo, la idea de que haya una escala distinta de la economía política, más allá del Estado-nación pero todavía por debajo de una globalización completa, me parecía justa. Abría la puerta a un pensamiento de las escalas de la economía política, de sus interrelaciones en la vida cotidiana y de sus influencias sobre las personas y los grupos sociales. Además, esta posibilidad de pensar diferentes escalas era exactamente lo que faltaba al movimiento altermundialista, que tenía ideas muy pobres en cuanto a las mediaciones a través de las cuales su propia capacidad de intervención se constituía.

Con el paso del tiempo, me parecía siempre más obvio que necesitábamos una nueva cartografía política si queríamos reinventar una posibilidad de emancipación en el mundo posmoderno. Y esta cartografía no podía basarse únicamente en la capacidad de auto-coordinación entre grupos dispersos que surgió con la llegada de la sociedad en redes. La pregunta, política, artística y cultural, era ésta: ​¿Cómo trazar representaciones detalladas de las nuevas configuraciones del poder, que sean en mismo tiempo diagramas de las fuerzas potenciales de lo que llamábamos en esta época la multitud?

Cuando la ola de este movimiento se cayó, después de 2003 con la guerra de Iraq, yo había empezado ya a trabajar en este sentido. Hicimos por ejemplo en 2002, con el grupo francés Bureau d’Etudes, un mapa de la Unión Europea que se llamaba Normas europeas para la construcción de mundos. En un lado aparecía entidades supra-estatales llevando a cabo varias formas de normalización : territorial, productiva, ideológica o epistemológica. Quisimos analizar los procesos de conformación del gran mercado europeo, a través de su gobierno supra-estatal que modifica las relaciones populares a la tierra y a la habitación, que empuja hacía niveles siempre más altos de productividad, que harmoniza las diferentes concepciones nacionales de la ley, de la política y de los derechos, y que establece marcos para la investigación científica y la difusión de estándares técnicos. Se trata de una racionalización extremadamente sofisticada que remodela un continente entero, haciendo de él un nuevo mundo. Al otro lado de la mapa pusimos una imagen fluida de múltiples fuerzas de contestación. Producimos este mapa a siete mil ejemplares, que se dieron gratuitamente a la gente de las agrupaciones contestatarias. Era fantástico de ver a la gente parada en medio de la agitación política, mirando de muy cerca la cartografía, descubriendo algo a la vez demasiado extraño y demasiado familiar: la forma de vida de las poblaciones bajo el gobierno neoliberal.

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ver el sitio de Bureau d'Etudes aquí
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En la misma época, y siempre con Bureau d’Etudes, fuimos a pasar una semana sobre una isla en la laguna de Venecia, donde había parado un laboratorio móvil que se llama el Makrolab. Es la creación del artista esloveno Marko Peljhan, y de un montón de otras personas [artículo aquí]. Este proyecto ambicioso quería sondear la atmósfera, el espectro electromagnético y la ecología humana y animal, para construir conocimientos del presente y para buscar nuevos códigos evolucionarios, de los que nos hacen falta hoy en día. Se invitaba a artistas, pero también a técnicos, a científicos, a todo tipo de investigadores; incluso, la gente del laboratorio eran capaces de engañar a militares y de extraer conocimientos de ellos. Yo entendí que el arte podía literalmente cohabitar con otras disciplinas y entretener relaciones dialécticas con ellas, más allá de meros encuentros anecdóticos o préstamos de imágenes o materiales. El movimiento extradisciplinar se sustituyó, para mí, a la práctica de la crítica del arte como fin en si mismo. El arte es un vehículo; la crítica puede participar del movimiento, dialogando con los artistas y con las otras disciplinas, buscando siempre el más allá de la emancipación. La cuestión es de definir esta emancipación, de sentirla, de explorarla, de compartirla; y sabemos probablemente todos que esto no es tan fácil, en un mundo donde son las trampas que parecen conformarse y hacer sistema. Hasta tal punto que a veces yo pienso que es necesario ir hacía el muro, donde la realidad resiste, para buscar grietas y fallas en la textura misma de la dominación.

Tiempos duros

El proyecto de Deriva Continental se enunció de manera explícita en 2005, a través de una larga colaboración con Claire Pentecost y el grupo 16 Beaver en Nueva York. La idea era de acercar teóricos, artistas y activistas en seminarios autónomos y intensivos, para analizar y exprimir colectivamente la situación geopolítica del país que había elegido al presidente más fascista de esta época, George W. Bush. Descubrimos, o por lo menos, yo descubrí – ellos lo sabían ya – que Nueva York era el lugar perfecto para este tentativo, porque es la ciudad americana donde representantes del mundo entero vivan una doble vida, como representantes frente a los medios, a las instituciones y a los poderes, y como individuos más o menos perdidos en esta grande ciudad – perdidos como lo somos todos en un país tan alienante como Estados Unidos. Pensábamos que los desequilibrios geopolíticos inducidos por la locura del nuevo imperialismo debían detener gran parte del secreto del inconsciente social de este país, donde la política de izquierda era manifiestamente paralizada. Para entender esta idea del inconsciente social, se puede recordar las observaciones de Edward Said sobre el crítico británico Raymond Williams. Said decía que cuando Williams analizaba las relaciones entre la ciudad y el campo, lo que le faltaba, y que sí estaba muy presente en la sociedad y la literatura británica, era un tercer termino, la colonia. A Estados Unidos, para pensar, y incluso para sentir, le falta la sustancia misma de su economía política: su “impero”. Tuvimos en esta época una lema: “Articular las fallas de los mundos del poder.” ¿Qué queríamos decir con esta lema?

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descargar la publicación en pdf aquí

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Primero, una visión geopolítica. Al fin de los noventa, con la expansión económica de la globalización y la invención de la sociedad en redes, Estados Unidos sembraba haber cumplido el sueño de la posguerra : la realización de un mercado mundial unido. La entrada de China en la Organización Mundial del Comercio en 2001 concretizó esta victoria. Pero en el mismo año, la supuesta unidad mundial cayó en pedazos, con el ataque del 11 de septiembre y el regreso de fuertes tensiones entre las regiones y los Estados-naciones. Nuestra tesis de economía política posmarxista, que tomamos del historiador y antropólogo Karl Polanyi, es que la tentativa de unificación económica del mundo lleva inevitablemente a una dinámica de caos monetario, sufrimiento laboral, colapso ecológico y fragmentación política – una dinámica que puede saldarse por terribles guerras, como las de mitades del siglo 20. La deriva continental produce, no unidad, sino fallas; y el neoconservadurismo es la reacción inevitable a la negación de la sociedad promovida por el neoliberalismo. Desde esta óptica, la única manera de evitar una guerra generalizada, y incluso una guerra civil, sería la articulación de estas fallas, al nivel micropolítica donde se producen en la vida de las personas.

La cartografía psico-social de los pasajes entre cinco escalas – íntima, territorial, nacional, continental y mundial – esta cartografía de la que yo hablo en mi “Manifiesto afectivista,” fue el resultado de los seminarios auto-organizados de Deriva Continental. La idea era de ubicarse en el presente, articulando percepciones, afectos, voces y conceptos, allí donde había tanto inconsciente social. Esto es una respuesta a la propuesta micropolítica del neoliberalismo, que es la lógica del capital humano, la exigencia que cada uno calcule su destino más íntimo según criterios de rentabilidad. Articular la no-rentabilidad de los otros a la falla al interior de uno mismo – esto seria una formulación enigmática o poética de lo que nos interesa en este proyecto.

Claro que dentro de este periodo, de 2005 a 2009, hice muchos viajes y estudios, y trasladamos también el seminario a Zagreb, en Croacia, para tentar un intercambio trans-continental. El viaje que hicimos en China con mi compañera Claire Pentecost, también organizadora de Deriva Continental, permitió de comprobar la existencia de proceso de conformación continental en Asia, no sólo en el espacio propiamente chines, pero a través de una red productiva instaurada décadas antes por el capital japonés. De manera más interesante, notamos que el proletariado industrial norteamericano es hoy en día mayoritariamente chines; y teorizamos la existencia masiva pero económica y ecológicamente frágil de un bicontinente invisible que puede nombrarse Chimerica. Si todo va bien, vamos a tentar una deriva chimericana durante esta primavera…

Territorio

Hay que decirlo, la práctica de la deriva continental, como vehículo teórico-estético para explorar la realidad material y el inconsciente social de la globalización, es casi inaguantable al nivel existencial. A veces es necesario retornar a algo más directo, si no más sencillo, que se puede llamar territorio. Como muchos saben, el territorio existencial es una categoría guattariana, hace parte de la “cartografía esquizoanalytica”. Para Félix Guattari, el territorio es el espacio habitado, atravesado cada día, es la escala íntima donde el cuerpo toca el suelo. Pero también es el agujero negro, la intimidad sofocante, la tierra tan cercana de mí que no puedo respirar. Hay que dejarse tomar, hundirse en el territorio, para escuchar una voz o una poética nueva, al riesgo de perderse en la barra. Estoy contando algo que me pasó: la vuelta de Francia a Estados Unidos.

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Documentos del "Midwest Radical Cultural Corridor" aquí
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¿Cómo extraerse de las trampas de una sociedad cibernética, donde todo comportamiento está sobrecodificaba, es decir, anticipado, pre-trazado, mapeado por anticipación?¿Cómo reconstituir un agenciamiento, una posibilidad de articular palabras, de enunciar algo original y significativo? Surgió la idea, el deseo, no mío pero colectivo, de una exploración muy física del territorio cercano, una “cartografía con los pies”. Tuvimos que inventar una nueva música subjetiva, para salir de la neutralidad afectiva que es tan pesada y empalagosa en este país. Poco a poco lo hicimos con un grupo de amigos en la cercanía de Chicago; y para burlarnos de todos los proyectos de desarrollo nuevo que hay en esta región verdaderamente devastada por la desindustrialización, decimos que íbamos a hacer una deriva continental a través del “Corredor de Cultura Radical del Middle West”. Este proceso de tocar la tierra nos ha llevado a muchas personas y muchas historias, revelando focos subjetivos de energía y resistencia en medio de zonas deprimidas y violentadas,. Todo esto ha culminado, de cierta manera, este verano con una participación de nuestro grupo al segundo Foro Social de Estados Unidos en la ciudad de Detroit, que es un alto lugar de cultura negra radical. Es también la ciudad norteamericana donde el capital colapsó, dejando ruinas y esperanzas.

Fue impresionante, Detroit, las esperanzas, las ruinas. Pero debo decirlo, Estados Unidos ha llegado a un grado de corrupción que no podía imaginar desde Francia. La crisis financiera, con todas las estrategias depredadoras que reveló, representó una posibilidad de cambios estructurales importantes. Esta posibilidad no se realizó. La razón para eso es que ya no tenemos otro modo de pensar que el modo libertario-liberal. No hay actores filosóficos o políticos que puedan concebir un modelo alternativo de desarrollo territorial y cultural, tomando en cuenta la cuasi-unificación – forzada y denegada – de Estados Unidos con México y Centro América. No hay pensadores para medir la relación entre bienestar laboral y equilibrio ecológico al nivel continental, y para poner esta relación en debate a través de las fronteras. Y si no hay un proyecto alternativo en Estados Unidos, es que en realidad, la izquierda ha perdido las universidades, donde el pensamiento artístico y cultural parece fuerte. No lo es – se trata de estrellas esparcidas. Hay una multiplicación muy impresionante de fábricas de ideas, “think tanks” como dicen, en la universidad privatizada o fuera de ella – y son de derechas. Son capaces de organizarse y de imponer sus políticas. Las clases medias intelectuales, que por la mayoría deben su posición económica a los sistemas de educación pública, han aceptado las normas competitivas y individualistas. Esto es la trampa. Se ve muy claro ahora, con la crisis de la Universidad de California y el movimiento social del año pasado para mantener la universidad pública.

Está bien que se hable aquí, por fin, de economía política. “El arte no puede todo”, se suele decir, “su terreno es lo simbólico”. Estoy de acuerdo. Pero lo simbólico tiene su eficacia en su relación con los procesos maquínicos, es decir, industriales y informacionales. ​¿Porque no armar grupos para articular el estudio del desarrollo industrial y informacional con la práctica de intervenciones estéticas? Al menos así, se podría generar solidaridades, y empezar a percibir el territorio. Emanciparse es inventar un agenciamiento, una manera de conjugar percepciones, conceptos, expresiones y actos. Tales articulaciones deben inventarse desde las fallas y las grietas. Esto es el uso político de las prácticas extradisciplinares. Ya estamos preparando algo en Argentina. Para los que se interesan a eso, podemos hablar de posibles proyectos aquí – y gracias, en todo caso, para su hospitalidad aquí en Mexico.

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